Nuestra historia

Me llamo Jhosue Gamboa. Trabajo con mi mamá, Rosa Zabala, vendiendo terrenos y casas en Chimborazo. Esto es cómo llegamos hasta aquí.

Jhosue Gamboa, presidente ejecutivo de ZZ Bienes Raíces

Mi mamá empezó sola

Hace más de quince años mi mamá empezó a lotizar terrenos en Chimborazo. Sola, sin socios. Compraba un terreno, lo dividía, buscaba a quién le podía servir, y volvía a empezar. Con los años fue entrando también en la construcción.

El primer proyecto que yo recuerdo fueron ocho casas vacacionales en Chambo. Yo era un niño y para mí era un paseo más con mi mamá. Hoy, que conozco por dentro lo que cuesta sacar un proyecto adelante, lo veo distinto: entiendo el tamaño de lo que ella estaba haciendo, y lo estaba haciendo sola.

Todo lo que ves en esta página salió de ahí.

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Crecí caminando terrenos

No tengo un recuerdo de infancia donde no aparezca un terreno. Mi mamá me llevaba a todos, y no me llevaba de adorno: me preguntaba si me gustaba o no me gustaba, qué creía yo que se podía hacer ahí, a cuánta gente podíamos ayudar en ese pedazo de tierra, cuántas familias iban a vivir ahí.

Era un niño. No sabía nada de metros ni de precios, y ella lo sabía. Me preguntaba igual, y se quedaba escuchando la respuesta. Es de los recuerdos más bonitos que tengo.

Esas preguntas se me quedaron. Hoy son exactamente las que me hago cuando piso un terreno nuevo. Y trabajar con ella no lo doy por sentado: mucha gente admira a su mamá de lejos, yo tengo la suerte de aprender de la mía de cerca, todos los días.

Cómo nos repartimos el trabajo

Mi mamá ve el lado legal: escrituras, trámites, municipio, permisos. Es la parte más lenta y la más delicada del negocio, y es lo que ella hace mejor que nadie.

Yo veo el otro lado: buscar terrenos nuevos, calcular qué sale de cada uno —cuántos lotes, de cuántos metros, a qué precio tiene sentido—, las ventas, el marketing y el acompañamiento a cada cliente hasta la escritura.

Suena muy ordenado dicho así. En la práctica es discutir, no estar de acuerdo, y terminar decidiendo juntos.

Si escribes al WhatsApp de la página, te contesto yo.

Por qué Riobamba

Nací en Riobamba en 2001. Me fui: cuatro años en Quito por la universidad, unos meses en Nueva York. Vi ciudades más grandes, más rápidas, con más de todo. Y volví.

Volví porque me hacía falta. Cualquiera le tiene cariño a la ciudad donde nació; lo mío va más allá de eso. Me gusta caminar el centro histórico sin apuro. Me gusta pasar por el San Felipe, que fue mi colegio, y quedarme un segundo más de lo necesario mirando la puerta. Me gusta el Parque Sucre un domingo en la mañana. Aquí me formé como hombre, y a esta ciudad le debo casi todo lo que soy.

A Riobamba le dicen la ciudad de las primicias, porque aquí pasaron primero muchas cosas en el Ecuador. Crecí escuchando eso con orgullo, y también viendo cómo esa grandeza se fue quedando atrás. No voy a decirte que una lotización le devuelve a una ciudad el lugar que tuvo. Pero cada proyecto que sale bien deja algo: familias que se quedan en vez de irse, barrios que empiezan a moverse, dinero que circula aquí y no en otro lado.

Quiero dejar mi huella en esta ciudad. En ninguna otra. Que dentro de unos años alguien camine por un barrio donde hoy todavía no hay nada, y ese barrio exista porque un día mi mamá me paró en medio de ese terreno y me preguntó cuánta gente podría vivir ahí.

Por qué algunos proyectos tienen nombre en hebreo

Emuná es fe. Shefá es abundancia.

Mi mamá estudió en Israel y le marcó. Cuando empezamos a ponerle nombre a los proyectos, los nombres salieron de ahí, y seguimos en esa línea. No es más profundo que eso: son palabras que significan algo para ella, y nos gusta que cada terreno llegue con una.

¿Quieres ver un terreno?

Te acompaño a caminarlo y te digo lo que hay, sin adornos. Si no te sirve, te lo digo también.

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